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Creed en sus profetas

El Deseado de Todas las Gentes  Leer Capítulo 30  Leer Capítulo 31 Leer Capítulo 32 Leer Capítulo 33

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Capítulo 33—¿Quiénes son mis hermanos?
Este capítulo está basado en Mateo 12:22-50Marcos 3:20-35.
Los hijos de José distaban mucho de tener simpatía por Jesús en su obra. Los informes que llegaban a ellos acerca de su vida y labor los llenaban de asombro y congoja. Oían que pasaba noches enteras en oración, que durante el día le rodeaban grandes compañías de gente, y que no tomaba siquiera tiempo para comer. Sus amigos estaban convencidos de que su trabajo incesante le estaba agotando; no podían explicar su actitud para con los fariseos, y algunos temían que su razón estuviese vacilando. {DTG 288.1}
Capítulo 32—El centurión
Este capítulo está basado en Mateo 8:5-13Lucas 7:1-17.
Cristo había dicho al noble cuyo hijo sanara: “Si no viereis señales y milagros no creeréis.”1 Le entristecía que su propia nación requiriese esas señales externas de su carácter de Mesías. Repetidas veces se había asombrado de su incredulidad. Pero también se asombró de la fe del centurión que vino a él. El centurión no puso en duda el poder del Salvador. Ni siquiera le pidió que viniese en persona a realizar el milagro. “Solamente di la palabra—dijo,—y mi mozo sanará.” {DTG 282.1}
Capítulo 31—El sermón del monte
Este capítulo está basado en Mateo 5; 6; 7.
Rara vez reunía Cristo a sus discípulos a solas para darles sus palabras. No elegía por auditorio suyo únicamente a aquellos que conocían el camino de la vida. Era su obra alcanzar a las multitudes que estaban en ignorancia y en error. Daba sus lecciones de verdad donde podían alcanzar el entendimiento entenebrecido. El mismo era la Verdad, que de pie, con los lomos ceñidos y las manos siempre extendidas para bendecir, y mediante palabras de amonestación, ruego y estímulo, trataba de elevar a todos aquellos que venían a él. {DTG 265.1}
Capítulo 30—La ordenación de los doce
Este capítulo está basado en Marcos 3:13-19Lucas 6:12-16.
“Subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso; y vinieron a él. Y estableció doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.” {DTG 257.1}
Capítulo 29—El sábado
El Sábado fué santificado en ocasión de la creación. Tal cual fué ordenado para el hombre, tuvo su origen cuando “las estrellas todas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios.” La paz reinaba sobre el mundo entero, porque la tierra estaba en armonía con el cielo. “Vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera;”1 y reposó en el gozo de su obra terminada. {DTG 248.1}
Capítulo 28—Leví Mateo
Este capítulo está basado en Mateo 9:9-17Marcos 2:14-22Lucas 5:27-39.
Entre los funcionarios romanos que había en Palestina, los más odiados eran los publicanos. El hecho de que las contribuciones eran impuestas por una potencia extraña era motivo de continua irritación para los judíos, pues les recordaba que su independencia había desaparecido. Y los cobradores de impuestos no eran simplemente instrumentos de la opresión romana; cometiendo extorsiones por su propia cuenta, se enriquecían a expensas del pueblo. Un judío que aceptaba este cargo de mano de los romanos era considerado como traidor a la honra de su nación. Se le despreciaba como apóstata, se le clasificaba con los más viles de la sociedad. {DTG 238.1}
Capítulo 27—“Puedes limpiarme”
Este capítulo está basado en Mateo 8:2-4; 9:1-8, 32-34Marcos 1:40-45; 2:1-12Lucas 5:12-28.
La lepra era la más temida de todas las enfermedades conocidas en el Oriente. Su carácter incurable y contagioso y sus efectos horribles sobre sus víctimas llenaban a los más valientes de temor. Entre los judíos, era considerada como castigo por el pecado, y por lo tanto se la llamaba el “azote,” “el dedo de Dios.” Profundamente arraigada, imposible de borrar, mortífera, era considerada como un símbolo del pecado. La ley ritual declaraba inmundo al leproso. Como si estuviese ya muerto, era despedido de las habitaciones de los hombres. Cualquier cosa que tocase quedaba inmunda y su aliento contaminaba el aire. El sospechoso de tener la enfermedad debía presentarse a los sacerdotes, quienes habían de examinarle y decidir su caso. Si le declaraban leproso, era aislado de su familia, separado de la congregación de Israel, y condenado a asociarse únicamente con aquellos que tenían una aflicción similar. La ley era inflexible en sus requerimientos. Ni aun los reyes y gobernantes estaban exentos. Un monarca atacado por esa terrible enfermedad debía entregar el cetro y huir de la sociedad. {DTG 227.1}
Capítulo 26—En Capernaúm
Durante los intervalos que transcurrían entre sus viajes de un lugar a otro, Jesús moraba en Capernaúm, y esta localidad llegó a ser conocida como “su ciudad.” Estaba a orillas del mar de Galilea, y cerca de los confines de la hermosa llanura de Genesaret, si no en realidad sobre ella. {DTG 217.1}

LEAMOS HOY 21 DE MAYO HECHOS 27.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.” (Vers. 23, 24).  

LEAMOS HOY 20 MAYO HECHOS 26.

VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: “¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.” (Ver. 27).

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